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El cronómetro cuenta
No te dice cuándo parar. Tienes que mirarlo, y mirarlo es justo lo que dejas de hacer por la tercera ronda.
Bell · Temporizador de rondas · iOS · Gratis · Sin anuncios · Sin registro
Esta noche. Y todas las noches.
Un temporizador de rondas para quien de verdad pega al saco. Gratis. Sin anuncios. Sin registro.
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1/3Ronda 2/8Trabajo
12 rondas · 3:00 trabajo · 1:00 descanso
Un cronómetro te mide. Un temporizador de rondas te manda. Cuando llega el cansancio, esa diferencia es la sesión entera.
01
No te dice cuándo parar. Tienes que mirarlo, y mirarlo es justo lo que dejas de hacer por la tercera ronda.
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Pantalla encendida, auriculares secuestrados y el móvil boca arriba en el suelo, al lado de un saco que se balancea.
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Pantalla apagada, el móvil en el bolsillo y tu lista sonando igual. La campana la atraviesa en vez de cortarla.
El que está cansado negocia. La campana no negocia; por eso el boxeo se quedó con ella.

Trabajo, descanso y rondas, en un solo anillo.
Cada intervalo de la sesión es un segmento del mismo anillo. Los llenos ya están hechos, el que arde es ahora, los contornos son lo que queda. Lees la ronda entera de un vistazo en vez de descifrar un número.


Funciona en segundo plano · La campana suena igual
Seis ajustes listos que se abren y arrancan. O móntate el tuyo: el trabajo, el descanso y las rondas que quieras.

0:20 / 0:10 · 8 intervalos · del protocolo de 1996
Veinte dando, diez parando, ocho veces. Cuatro minutos que se hacen diez, si de verdad vas. Si el octavo intervalo se parece al primero, eso no era Tabata.
0:30 / 0:30
Fondo honesto. El intervalo es demasiado corto para dosificar el ritmo, así que no hay ronda donde esconderse.

Los intervalos suben y luego bajan
La subida es fácil. La bajada es lo que importa: el cansancio llega subiendo, el carácter se ve en la vuelta.
Al suelo y directo al saco
Pegar sin aire es una habilidad aparte. Esto es trabajo complementario, no trabajo de saco: la técnica es lo primero que se cae, así que déjalo en una vez por semana.

Rondas cortas, descanso corto
En un gimnasio, un shark tank es un compañero nuevo cada minuto mientras tú no sales. Solo con el saco no tienes al compañero fresco: tienes el reloj que lo hacía doler.
Un solo aguante
A tres minutos seguidos ya no es un ejercicio de core. Es una prueba de carácter. Cadera abajo o no cuenta.
Tres minutos no es un número al azar. Es más o menos lo que aguantas dando de verdad antes de que el cuerpo te cambie el combustible. Los primeros noventa segundos tiran de lo que ya está en el músculo. Después llega el ardor a los hombros, las manos bajan dos dedos sin pedir permiso y la ronda empieza a hacerte preguntas. Ese es el trabajo de la ronda. No los golpes: las preguntas.
El minuto de descanso no es una pausa. Es trabajo. Si estás en forma, las pulsaciones caen de golpe en los primeros quince segundos y luego se aplanan. Respiras por la nariz, te quedas de pie en vez de doblarte sobre las rodillas, sueltas las manos. Lo que recuperas en ese minuto decide cómo será la tercera ronda, y la tercera es donde de verdad se pierden las sesiones.
Quedan diez segundos y todo el gimnasio acelera. Siempre. Es el único momento de la ronda en el que el novato y el profesional se parecen, y los únicos diez segundos que cambian algo.
Mira las manos. Los novatos se doblan sobre las rodillas. Los que llevan tiempo se ponen rectos, manos en la cintura, respirando por la nariz, mirando a ningún sitio. Desde la otra punta del gimnasio ves quién llega a la ronda seis.
Las manos se van bajando a las costillas, todo se acorta a un uno-dos y una voz empieza a ofrecerte un trato: esta te la tomas suave y aprietas en la siguiente. La primera ronda no sabe quién eres. La tercera sí.

Tu rival es la versión de ti que esta noche se quedó en casa. Se sabe todas tus excusas. Gánale en la campana.
Esta noche. Y todas las noches.
Todos los boxeadores que conoces entrenan casi todos los días de la semana. Casi ninguno aprieta casi todos los días. Dos sesiones duras, tres como mucho. El resto es comba, piernas, saco suave, manos y cadera.
Lo de cada día no va de intensidad. Va de no dejar que se abra el hueco. Dos días fuera es descanso. Dos semanas fuera es empezar de cero.
Así que la única racha que vale algo es la de aparecer. Hay noches de doce rondas. Hay noches de tres suaves y comba. Las dos cuentan. Las dos van al registro.
Si te sube el pulso en reposo, duermes mal o te duelen las manos antes de empezar, eso no es flojera, es la señal. Tómate el día. Vuelve mañana. La campana no se va a ninguna parte.


Fallas un día y no pierdes nada. Todas las rondas que has trabajado siguen ahí.

Cada lunes el marcador vuelve a cero. Nadie va por delante. No se arrastra nada.
Minutos de entrenamiento de la semana, ordenados entre los amigos que añadas. Va por Game Center, así que no hay cuenta que crear ni nada que registrar. Puedes ignorarlo por completo y el temporizador funciona igual.
Tus amigos ven tus minutos, no tu boxeo. Ni técnica, ni fuerza, ni una clasificación de ti como boxeador. Solo si apareciste.
Es un temporizador. Ese es todo el argumento.
Solo iPhone. 13 idiomas.
Lo escribe un entrenador, no nosotros. Respuestas cortas a lo que se pregunta el primer mes.
De tres a seis rondas es una sesión de verdad. Doce es una sesión dura. Si empiezas, tres rondas de dos minutos con el minuto entero entre ellas sobran para la primera semana, y en la tercera ronda no lo va a parecer.
Los amateurs de élite boxean a tres minutos; de ahí para abajo, a dos. Empieza en dos. Sube cuando los últimos treinta segundos dejen de ser una negociación contigo mismo.
Un minuto. Es la regla en el ring y no hay motivo para tocarla en casa. Si necesitas dos, la ronda fue demasiado dura, no demasiado larga.
De pie y recto, manos fuera de las rodillas, respira por la nariz. Doblarte sienta mejor y recupera peor. Mira a los que llevan tiempo en el gimnasio: se quedan de pie.
Casi todos los días. Pero dos sesiones duras, tres como mucho; el resto, suave: comba, piernas, saco flojo. El hueco entre sesiones te cuesta más que la intensidad de cualquiera de ellas.
Sombra. Las mismas rondas, la misma campana. Al temporizador le da igual qué golpeas, y las piernas y las manos siguen trabajando. El saco castiga la mala técnica; al aire puedes corregirla.